Lotte en la Bauhaus y también en Taller C

«LOTTE AM BAUHAUS», UNA PELÍCULA SOBRE LAS MUJERES EN LA BAUHAUS

Entre las actividades de homenaje a la Bauhaus, hacer un cine-debate al comienzo de la cursada fue una propuesta que invitó a recuperar el valor de la charla, de la conversación en presencia, para acercarnos también de este modo a la Bauhaus, una escuela fundada sobre la idea de comunidad, es decir, de compartir. Ver juntos Lotte am Bauhaus y hablar sobre la película, fue una experiencia que probablemente enriqueció a muchos.
Alguien comenzó diciendo, con buen ojo crítico: es una película convencional, que cae en los estereotipos y el conservadurismo, con lo cual contradice desde su propuesta estética, el espíritu de aquello de lo que habla: la revolucionaria escuela. Y no solo por el romanticismo “de manual” con final feliz, sino porque desde su visualidad, no propone nada disruptivo, aunque más no sea para recuperar algo de aquello que en la Bauhaus se experimentó y que estuvimos indagando por ejemplo, desde la fotografía, en el Taller: los puntos de vista insólitos, entre tantos otros recursos. Se señaló: apela a la clásica paleta de quebrados para reponer el clima de lo documental, en contraste muy medido con los colores que traía la novedosa escuela.

Queda preguntarnos si este modo de recuperarla 100 años después, no nos está diciendo algo sobre el mundo en que vivimos, alejado de audaces ideales y experimentos, y mas bien afín a lo inocuo, a lo superficial o como mucho, a la “trasgresión controlada” de las series de Netflix.
Sin embargo, en el transcurso del debate, también se rescató la calidad de la peli para narrar desde el complicado borde entre el documentalismo y la ficción, y el modo en que reconstruye aquellos años, en particular el contraste abismal entre la Bauhaus y aquel viejo mundo en el que irrumpía. Asimismo, logra actualizar, traer al presente, varias cuestiones sociales que hoy tienen una centralidad indiscutible.

Por un lado, la discriminación, la cuestión del otro: el otro mujer discriminada (las mujeres de la Bauhaus, tema central de la peli, focalizado en la figura de Lotte y también de sus compañeras), el otro distinto por su modo de vida, por sus ideas comunistas (intervenciones del padre y la hermana de Lotte, revueltas en las calles de Weimar), o por su raza (escena de la pareja judía). La hostilidad de la comunidad de Weimar ante los raros, los comunistas, los jóvenes libertarios, fue para todos sentida desde muy cerca, y asociada a las hostilidades del presente. En particular se habló de la universidad pública haciendo un paralelismo con el ataque del gobierno a la Bauhaus, ante el cual Gropius tuvo que salir a defenderse de distintos modos, de la misma manera que hoy estamos luchando para que se reconozca el valor de la universidad pública, en particular de las carreras “menos útiles” como las artes y las ciencias sociales, que son las más castigadas (se hizo referencia a lo sucedido en Conicet entre otros recortes a la ciencia y la educación).

Por otra parte, la película no elude las contradicciones: siempre desde un tono “políticamente correcto” muestra un Gropius que si bien tiene grandes y bellos ideales, en la práctica es bastante traicionado por su… ¿machirulismo?
Alguien preguntó “¿Les gustaría tener un profesor como Itten?” La primera respuesta a esta pregunta, proveniente de una alumna que estudia plástica y diseño, abrió el debate acerca de la enorme distancia entre estas carreras en nuestra facultad, donde muy lejos de la integración entre las disciplinas, se incentiva la fragmentación instalando desde hace décadas el prejuicio de asociar plástica a lo expresivo y diseño a lo racional, a lo práctico, a lo que tiene que ver con ganar dinero. Así en las carreras de artes plásticas, se dijo, podés encontrar profesores que incursionan en prácticas “a lo Itten”, pero difícilmente sucede en la carrera de diseño. A partir de estas apreciaciones, planteamos que es necesario cuestionar la hiperespecialización como modelo educativo que desde los años 80 se viene profundizando. ¿A quién sirve que sepamos cada vez más de menos? Probablemente a la perpetuación del sistema injusto e inhumano en el que vivimos. No solo por la utilidad directa del saber hiperespecializado a los fines empresariales, sino sobre todo, por la privación a las grandes mayorías de una educación que abra visiones contextuales, que habiliten la posibilidad de entender la complejidad de lo real, y ponerlo en cuestión. Para crear un nuevo -y mejor- mundo, podríamos empezar por proponer desarmar aquel modelo de fragmentación (“divide y reinarás”, dice el refrán) y empezar a reconstruir una educación transdisciplinar, que siempre haga lugar a las ciencias sociales y el arte, aquello que nos hace más sensibles, más inconformistas, más humanos. Como lo que proponía la Bauhaus.

Sara Guitelman
Docente . Titular de Taller C 1 y Adjunta del Taller C de 2 a 5

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